La grada verde - Cultivo de invierno, cosecha de primavera | kannabia

rre en este caso, el cual se extiende a lo largo de dos estaciones completas e incluye un cambio de año.

En realidad, la historia de estas plantas empezó a mediados de otoño. Concretamente, el once de noviembre. Ese día, se pusieron a enraizar los últimos esquejes de una temporada de cultivo que se había iniciado a mediados de mayo con la germinación de un puñado de semillas. Después de seis meses, con la segunda cosecha de interior recién colgada en el secadero, seguían propagándose seis individuos pertenecientes a cuatro variedades de dominancia Indica.

La grada verde 01 Las noches eran ya muy largas cuando se plantaron los últimos clones enraizados, y poco más dio de sí la campaña de verano. Al fin y al cabo, comenzaba la época de procesar y elaborar el resultado de tanto esfuerzo coordinado: manicuras progresivas, separaciones en seco y al agua, curado de las selecciones herbales. Cuando la entrada del invierno empezó a aproximarse, el jardín superaba el medio centenar de individuos en crecimiento vegetativo; suficientes para replantar de nuevo el espacio de floración y mantener la genética con soltura. Sin embargo, la temporada ya había terminado, y el cansancio acabó venciendo a la estrategia durante las noches silenciosas de diciembre.

Jna mudanza en Navidad

La noche de fin de año fue la primera que pasamos en una nueva casa. La mayoría de las plantas llegaron con más de un mes en los minicontenedores de siete centímetros, y las pocas que estaban en maceteros un poco más grandes precisaban un mínimo de mantenimiento desde hacía más tiempo todavía. Los dos meses siguientes los pasaron encerradas en una alacena sin apenas ventilación, iluminadas por una lámpara fluorescente que sólo se desenchufaba en momentos puntuales. Lo único que recibieron fue un poco de agua de vez en cuando.

Las condiciones lamentables de mantenimiento, incluyendo sequía, carencias nutricionales, estrés radicular y aire estancado, llevaron a desechar más de una docena de plantas antes de que terminara febrero. Pero, finalmente, los días empezaban a ser más largos. A un mes del comienzo oficial de la primavera, la nueva temporada de cultivo era ya una realidad.

El primer paso consistió en montar una unidad de cultivo en un área de un metro y medio cuadrado. El primer uso que iba a tener consistiría en albergar las maltrechas plantas en crecimiento durante su transición al exterior. De momento, ya disponían de aire fresco en un espacio adecuado, lo cual las preparaba para el ambiente al aire libre.

La grada verde 02 La operación de trasplante se llevó a cabo pocos días después, el 27 de febrero, y supuso la oportunidad para aplicar Plant Success, un suplemento ecológico que incluye una docena de especies de hongos micorriza, ácidos húmicos y extracto de algas. El formato en gel fue elegido por ser el más indicado para tratar los pequeños cepellones exhaustos.

Al añadir agua, el producto hizo que se formara una mezcla espesa en la cual se sumergieron los cepellones, lográndose que los ingredientes activos se adhirieran a las raíces. Al estar especialmente indicado para reducir el choque del trasplante y el estrés ocasionado por la sequía, se daban las circunstancias apropiadas para que la fórmula californiana probara su valía.

Las plantas se fueron pasando a contenedores de 15x15x20 cm tal como salían los cepellones de la olorosa mezcla de micorrizas y bioestimuladores. El hecho de usar sustrato All-Mix contribuyó decisivamente a que las 40 plantas estuvieran tratadas, trasplantadas y regadas en un par de horas.

Sólo se empleó agua con el pH ajustado para regar el plantel. Podría haberse añadido vitamina B orgánica sin que ello supusiera ningún riesgo, pero se prefirió observar el efecto aislado de la mezcla a base de hongos micorriza.

Hacía rato que había caído la noche, las plantas se volvieron a llevar al cuarto de cultivo con fotoperiodo continuo para favorecer el desarrollo radicular durante los primeros momentos después del trasplante. Sin embargo, se sacaron al exterior al día siguiente debido a la poca intensidad de la lámpara fluorescente que las iluminaba.

El espacio preparado para

acoger la floración era una terraza de unos 4 m_ orientada al sur, con toldo desplegable y un parapeto de 1 m de altura en la parte delantera. El área útil de cultivo, al restar la zona de paso y el espacio para abrir la puerta, se reducía a algo más de 2x1 m. El frontal se había acondicionado para bloquear la luz directa de un farol principalmente, pero el nivel general de contaminación lumínica era muy alto debido a los múltiples puntos de alumbrado. De hecho, la gran cantidad de luz ambiental nocturna hacía dudar de que la floración pudiera desarrollarse correctamente incluso dentro de la especie de caja oscura que se había logrado.

Las plantas se dejaron sobre el suelo directamente, sin más protección que la que les ofrece la propia disposición del mar verde. Los cuarenta individuos se alinearon formando cuatro filas. La fila del fondo se dedicó a los diez esquejes de una planta perteneciente a una variedad que, a pesar de su genética Indica, es conocida por producir muchos fenotipos con rasgos típicos de las Sativa. Como se trataba de la planta que más se estiraba durante la floración, su sitio estaba claro desde el principio. Las dos filas centrales estaban ocupadas por los esquejes de dos plantas de hachís que mostraban un crecimiento medio en floración; y la primera línea —la más baja- estaba formada por los esquejes de tres plantas de una variedad cuya uniformidad merece destacarse.

La disposición en forma de grada tenía dos funciones: la primera consistía en optimizar la luz directa del sol, cuya trayectoria resulta baja respecto a la línea del horizonte en esa época del año; y la segunda era evitar que las plantas pudieran verse o quedar iluminadas desde fuera. Es decir, el perfil de grada resulta discreto al tiempo que eficiente.

La grada verde 03 Como resultado de todos los preparativos, y con el auspicio de un eclipse de luna que hizo que el satélite se volviera de color rojo, el jardín estaba en plena prefloración cuando empezó la primavera. Después de tres semanas en la terraza, todas las plantas habían reaccionado estupendamente, y el equinoccio marcaría el momento a partir del cual comprobaríamos si la floración era realmente posible en esa terraza.

La grada verde

Durante la última semana de marzo, se confirmó que la floración seguía su curso sin más problema que un ligero retraso respecto a lo habitual. Tras cumplirse un mes en la terraza con el fotoperiodo natural -que había pasado de 11 a 12 horas aproximadamente-, las plantas empezaron a acercarse al pico de producción floral. La altura final quedó ajustada a los límites previstos: los ápices de las plantas situadas más atrás se acercaban al metro de altura, los esquejes frontales, de aspecto compacto, se mantenían por debajo de 50 cm desde la base del tallo.

Durante todo el mes de marzo, no se añadió nada al agua de riego, excepto el ácido fosfórico con el que se ajustaba el pH. El jardín mostraba un verdor general muy saludable, y algunas de las plantas empezaban a desarrollar tonalidades rojizas y moradas; sobre todo, la docena de esquejes de Chitralgum, un cruce dominado por el parental femenino, procedente del famoso valle paquistaní.

El éxito evidente del tratamiento con Plant Success supone una prueba irrefutable del papel determinante que juega el trasplante en el cuidado de las plantas. Las imágenes hablan por sí mismas. Cuatro semanas después de estar al borde de la muerte tras meses de abandono en contenedores diminutos, el jardín luce una canopia perfectamente La grada verde 04 adaptada al espacio de cultivo. Ni las temperaturas nocturnas de finales de invierno, ni los días nublados o la contaminación lumínica... Nada conseguía solapar el desarrollo sano y vigoroso de las plantas, cada una de las cuales iba expresando distintivamente los rasgos de cada genética individual gracias al estilo orgánico del cultivo.

A medida que avanzaba la fase de producción floral, se detectó una tendencia intersexual en los esquejes de Chitralgum. Tendencia que no se dejó ver durante los dos cultivos de interior que habían tenido lugar previamente. Resulta notable que un grupo de plantas acusaba este rasgo muchísimo más que el resto. Había esquejes con muchas flores masculinas, y otros que no producían prácticamente ninguna. Resulta indudable que sacar plantas al aire libre para que florezcan directamente durante los meses que rodean el equinoccio de primavera es un método eficaz para comprobar la resistencia al hermafrodismo que tienen los individuos en selección. Ya ocurra alrededor del 21 de marzo en el hemisferio norte —como en este caso-, o sobre el 21

de septiembre en el hemisferio sur, la oportunidad es la misma. A partir de ese momento, el fotoperiodo rebasa las 12 horas diarias y sigue aumentando hasta el solsticio de verano, tres meses después.

La primera conclusión que puede sacarse de estos datos es que la cosecha de primavera es la más indicada para florecer plantas Sativa de floración larga. La planta sale a floración entre últimos de febrero y primeros de marzo (es muy recomendable contar con un calendario lunar de cultivo para elegir los momentos propicios y evitar los nodos adversos; véase el artículo de Miguel Gimeno en este mismo número de Soft Secrets). A esas alturas del año, en la latitud donde dejamos nuestro mar verde al aire libre, el día dura algo más de once horas. Tres meses después, a primeros de junio, el fotoperiodo supera las catorce, pero no hay que temer que las plantas revegeten. Se han cosechado plantas durante la primera semana de junio sin ningún problema. Más bien, perfectas. Las temperaturas tanto diurnas como nocturnas son cada vez más cálidas; los días de sol más frecuentes; y la luz más intensa.

En abril, aguas mil

La buena marcha de la floración se confirmó durante la semana inicial de abril, al observarse que los primeros pistilos empezaban a marchitarse sin que hubiera signos de La grada verde 05 reversión al crecimiento vegetativo. Eso sí, resultaba evidente que existía un retraso de una semana frente al ritmo de la floración en interior con un fotoperiodo estándar de 12 horas, quizá debido a la presencia de luz ambiental nocturna.

Al mismo tiempo, las necesidades de riego se habían individualizado, haciendo necesario idear un método para identificar las plantas que se habían regado cada jornada sin tener que levantar los contenedores. Al estar formada la canopia y comenzar la producción de resina, el acceso tanto visual como manual se hacía complicado e inconveniente. La regadera, especial para cactus por su capacidad para poner la cantidad de agua necesaria a cierta distancia, resultaba ideal para manejarse entre los contenedores de 15 cm de lado, pero hacía falta saber qué plantas saltarse para no regar sobre mojado.

El sencillo truco que se empleó consistía en clavar un trocito de alambre recubierto de plástico verde, del que se usa para atar plantas, al terminar de regar cada maceta. En la siguiente tanda de riego, las marcas se retiraban para usarlas en las plantas recién regadas. Este método demostró ser de gran utilidad a la hora de añadir algún tipo de suplemento al agua de riego. De esta forma, fue posible realizar el abonado de mitad de floración a lo largo de una semana -a medida que cada planta requería su riego-, evitando confusiones.

La solución nutritiva que se empleó tras el pico de producción floral tenía el fin de aportar una fórmula adaptada a las necesidades de cada planta, no sólo de cada genética individual. Es decir, todos los esquejes provenían de seis plantas de semilla originalmente, pero lo habitual es que también surjan diferencias entre los esquejes de un mismo individuo. Por ejemplo, la variedad morada paquistaní, como la mayoría de las plantas azules del Hindu Kush, es muy sensible a la presencia de nitrógeno, así como a la acumulación de sales fertilizantes en el sustrato. De la docena de clones de esta planta, algunos recibieron cierta cantidad de nitrógeno para completar su ciclo vital, ya que La grada verde 06 mostraban amarilleamiento al comenzar la fase de producción de resina. Por el contrario, el resto de los clones de esta planta seguían luciendo todo el follaje de color verde, así que lo indicado era dejar el nitrógeno fuera de la solución nutritiva.

Esta fue la única vez que se abonó en todo el ciclo floral y, como de costumbre, se emplearon todo tipo de recursos en cantidades muy pequeñas. Básicamente, se utilizó humus de lombriz, guano de murciélago, algas de floración y Green Sensation (Plagron), y productos de Advanced Nutrients como Iguana Juice.

Si marzo fue frío comparado con febrero, la lluvia fue lo más destacable del mes de abril. Gracias a la inclinación del sol, el toldo podía mantenerse extendido sobre las plantas sin obstaculizar que la luz brillara directamente sobre el jardín. Sin embargo, el viento hacía que la lluvia alcanzara y salpicara muchas plantas; sobre todo, la fila delantera y el lateral más expuesto. En cierta ocasión, el toldo estaba recogido cuando empezó un buen aguacero, hubo que recurrir a una solución de emergencia.

Un ventilador en la terraza

El

problema no era que las plantas se hubieran mojado durante un buen rato, sino la ausencia total de viento junto a la calidez de la temperatura. Y seguía lloviendo. El señor Moho no se haría esperar tratándose de un jardín dominado por la ascendencia Indica.

La solución fue drástica: se colocó un ventilador junto a la puerta de acceso de manera que creara una corriente de aire de un lado a otro del jardín. Aunque estaba conectado en el interior de la casa, resguardado de la lluvia, se protegió con una balleta absorbente para evitar que las gotas de agua resbalaran hacia el motor.

El resultado fue que se minimizaron las intervenciones para eliminar los puntos de moho a lo largo de la maduración, la cual se hizo evidente durante la segunda mitad del La grada verde 07 mes con una explosión de colores que se acentuaba cada vez más. La planta más afectada fue Chitralgum, y resultó llamativo que todos los esquejes que integraban el frontal de la grada mostraran tanta resistencia al moho, ya que correspondían a tres individuos de una misma variedad Indica. Seguramente, su crianza holandesa tuvo mucho que ver en ello.

La cosecha duró una semana, del 7 al 15 de mayo. Las primeras plantas que entraron al secadero, para el cual se utilizó el espacio de cultivo que acogió la transición a la terraza, fueron las Chitralgum. Y las últimas en cosecharse fueron la decena de clones que formaban la fila del fondo: las plantas más altas del jardín y, también, las más lentas a pesar de su carácter Indica.


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