La oportunidad de Ia siembra – Cultivo de temporada desde semilla

 
 

Durante milenios, la época de siembra ha constituido el inicio de la temporada. La oportunidad para que las plantas anuales den lugar a una nueva generación. Todo el mundo agrícola tradicional, incluyendo la conservación y mejora de las variedades vegetales que nos alimentan, ha estado sustentado sobre esta premisa. ¿Nunca te has preguntado el motivo de que las semillas hayan sido excluidas de cualquier intento de prohibición? Es tan sencillo como que suponen la base de la agricultura. Al principio, sólo había una semilla.
La primavera es la estación por excelencia para germinar nuestros lotes de semillas. De ahí, saldrán no sólo la selección de plantas que producirán el grueso de la cosecha de temporada, sino también las posibles plantas madre que conservaremos y reproduciremos asexualmente (por esquejes) para llenar nuestros armarios y cuartos de cultivo bajo luz artificial. De esta forma, cada temporada, tendremos la oportunidad de ir añadiendo nuevas plantas a nuestra colección de individuos especialmente valiosos.
Las ventajas de llevar a cabo el cultivo de temporada a partir de semillas no sólo pasa por el cumplimiento con el ciclo natural que cada año tiene lugar a lo largo de las estaciones. Las plantas de semilla reúnen características que las hacen idóneas para soportar los rigores tanto de la primavera como del verano y el otoño.
Estructura. La planta de semilla desarrolla una estructura sólida desde la raíz primaria. En muchos casos, podremos comprobar que los esquejes de un mismo individuo son incapaces de sostenerse por sí mismos durante toda la floración, mientras que la estructura de la planta de semilla se mantuvo erguida hasta la cosecha sin dificultad. Este rasgo tiene mucho que ver con el patrón de enramado, que se va desarrollando desde la fase en la que el individuo de semilla es un plantón; pero, también, con la manera tan distinta que tienen de enraizar los esquejes.
Cultivo de temporada desde semilla01Sistema radicular. Las plantas de semilla lanzan la raíz primaria hacia abajo. Al igual que la parte aérea va creciendo de manera equilibrada, con un par de nudos a cada lado del tallo, el sistema de raíces va extendiéndose de manera perpendicular a la raíz central. Por el contrario, los esquejes enraízan de forma más ligera: las raíces son más finas en general, y crecen en todas las direcciones a la vez. Por ello, los esquejes se adaptan mejor a cultivos en contenedores reducidos, con riegos más frecuentes y ligeros, ya que las raíces tienen mayor capilaridad.
Las raíces de las plantas de semilla no sólo son más fuertes que las de los esquejes. También reúnen una diversidad de grosores y tamaños que complementan la acción capilar con la capacidad de sujeción al medio de cultivo y de penetrar en el sustrato para encontrar humedad y nutrientes. Por ello, las plantas de raíces ofrecen una resistencia más elevada tanto a la sequía como a los azotes del viento. Además, en caso de que una parte del sistema radicular se vea afectado por algún tipo de problema, la extensión de las raíces permitirá a la planta suplir las carencias reduciendo el estrés. Es decir, un sistema de raíces extenso es una garantía de supervivencia.
Por añadidura, el tamaño de los sistemas radiculares de las plantas de semilla permite que la parte aérea de la planta alcance un tamaño mucho mayor, ya que ambos están directamente relacionados. En otras palabras, la cantidad de masa vegetal visible es proporcional a la masa de raíces en el suelo. El factor que más limita el rendimiento de una planta es la extensión de las raíces, de forma que las plantas más productivas a la hora de la cosecha serán aquellas con un sistema radicular más desarrollado.
Producción de celulosa. Las plantas de semilla, al contrario que los esquejes, van creciendo conforme a una distancia internodal determinada con pares de nudos que lanzan las ramas en direcciones opuestas. Esto fomenta una estructura equilibrada, que permite a la planta asentarse de manera sólida y mantener la verticalidad. Al mismo tiempo, la extensión de las raíces favorece que esta estructura vaya reforzándose a base de celulosa, cuya producción es muy superior en las plantas de semilla hanfsamen versand. Todo ello contribuye a que el enramado de la planta permita maximizar el rendimiento de racimos florales, ya que el flujo de agua y nutrientes a través de las ramas está en función del grosor de los tallos, y lo mismo ocurre con la capacidad de estos para sostener el peso de las inflorescencias.
Es cierto que hay variedades cuyos esquejes pueden llegar a comportarse casi como plantas de semilla pero, además de ser infrecuentes, requieren más tiempo de crecimiento antes de Cultivo de temporada desde semilla02iniciarse la prefloración.
También existe la creencia de que las plantas de semilla son más potentes que sus esquejes. Desde luego, la capacidad de la planta de semilla es superior a todos los niveles, y el hecho de que la floración tienda a alargarse frente a los esquejes debido a las necesidades preparatorias del individuo joven puede tener mucho que ver con esta idea. En cualquier caso, jamás se ha observado lo contrario excepto en casos que el cultivo de la planta de semilla fue accidentado.
La fiebre feminizada
En España se ha producido un fenómeno sin parangón respecto a las semillas feminizadas. La fiebre ha llegado a tal punto que los compradores de semillas prácticamente dan por hecho que todas las semillas son feminizadas ya. La falta de conocimiento ha llegado a ser alarmante.
Lo único que deja en evidencia la desaforada tendencia del mercado español a comprar únicamente semilla feminizada es el nivel tan bajo de cultivo que tiene el jardinero medio. Hasta los productores holandeses están enfocándose a la semilla feminizada debido al caso español. Sin embargo, el resto de los cultivadores de los demás países siguen ajenos a esta situación demencial.
Según los propios criadores más tradicionales de este país, la semilla feminizada no tiene nada de malo en principio. Simplemente, es un paso más en los programas de crianza. No obstante, lo que caracteriza este camino es que se trata de un paso final, un camino sin salida que, de forma aislada, sólo favorece el empobrecimiento del fondo genético del cannabis.
La feminización existe en la naturaleza. Es decir, hay ocasiones en las que se producen semillas feminizadas de manera natural, al autopolinizarse una planta tras estar sometida a una situación de estrés. De manera que la autopolinización siempre ha supuesto una técnica útil en los programas de crianza. Ahora bien, entre esto y mucho de lo que se está haciendo hoy en día con fines comerciales, hay una diferencia enorme.
Una buena variedad, ya sea híbrida o endogámica, se crea en base a cruces filiales (plantas macho con plantas hembra). Sólo así se han conservado las características distintivas de las distintas variedades de cannabis, y sólo así se van seleccionando y fijando los rasgos establecidos inicialmente en el programa de crianza. Todos los rasgos deseables del cannabis existen gracias a que se cruzan parentales masculinos con parentales femeninos. O, por decirlo de otra forma, no existen variedades feminizadas; existen variedades que, luego, se han feminizado.
Por ejemplo, si tomamos una variedad afgana original, preservada a base de reproducciones endogámicas temporada tras temporada, y otra mejicana que ha sido conservada de la misma forma, obtendremos un híbrido F1 al cruzarlas. Este híbrido producirá plantas únicas con los rasgos deseables de ambos parentales. A partir de ahí, poco importa si se saca al mercado sólo la versión regular del cruce o, también, una versión feminizada. Lo que cuenta es que ambas versiones serán el resultado de un cruce entre dos variedades que han sido creadas gracias a reproducciones entre plantas macho y plantas hembra. Es decir, se trata de una variedad uniforme y estable.
Hay expertos que afirman que la semilla feminizada no puede igualar la calidad del producto final obtenido con semilla regular. Que las plantas de semilla feminizada no dejan de ser inferiores en cuanto a vigor, cualidades organolépticas, efectos, etc. Y que los cultivadores no estarían tan obsesionados con plantar semilla feminizada si conocieran una técnica tan sencilla como es el sexado por preflores en contenedores pequeños. Desde luego, no es de extrañar la popularidad de la semilla feminizada si los jardineros se dedican a cultivar enormes plantas macho antes de cortarlas. A continuación, haremos un recorrido hasta el sexado desde cero.
Germinación
En líneas generales, la primavera es, junto al otoño, la época ideal para germinar semillas, ya que el clima es más templado. Ni los calores veraniegos ni las bajas temperaturas invernales crean el ambiente más propicio para la germinación, y las semillas más delicadas (por viejas o por cualquier otro motivo) son las que pagarán las consecuencias de haber sido germinadas en el momento menos idóneo.
Sea como fuere, las semillas de cannabis sólo precisan agua, calor y aire para germinar. Si cuentan con la humedad y el aire suficientes, la germinación tendrá lugar sin mayores problemas Cultivo de temporada desde semilla03en un rango de temperaturas entre 21 y 32 oC.
Sumergir las semillas en un vaso de agua es una buena forma de iniciar la germinación, ya que facilita que la semilla se hidrate. En unas horas, la simiente se hinchará, oscureciéndose ligeramente, y se irá al fondo del vaso. A continuación, la cáscara se abrirá y podrá verse el extremo de la radícula, o raíz principal. Llegados a este punto, la semilla debe sacarse del agua y, o bien se planta en el medio de cultivo (tacos de turba, lana de roca o sustrato), o    se continúa con la germinación entre servilletas humedecidas. El motivo no es otro que la ausencia de aire en el vaso de agua, requisito indispensable para que la germinación concluya con éxito.
La primera fase de la germinación, en la cual la semilla absorbe agua y se abre, tiene lugar en un periodo que va desde unas pocas horas hasta dos o tres días. En caso de que se alargue, es determinante cambiar el agua. El remojado inicial puede evitarse si se germina entre servilletas húmedas o papel toalla desde el principio, y también si se prefiere sembrar directamente en el medio de cultivo. No obstante, la germinación previa tiene la gran ventaja de que sólo se plantan las semillas cuya viabilidad ha sido comprobada.
Una vez que la semilla muestra el ápice de la raíz principal, se planta en el sustrato elegido de forma superficial (basta con unos milímetros de profundidad). Preferiblemente, la punta de la raíz se colocará hacia abajo para favorecer su desarrollo. Unas pinzas resultan de gran utilidad a la hora de realizar esta operación de forma adecuada.
Cuando las semillas que intentamos germinar tienen mucho tiempo, o sabemos que la cáscara es más dura de lo normal o    que, por el motivo que sea, les cuesta germinar, puede emplearse la técnica de la escarificación. Esta técnica consiste en rascar la cubierta de la semilla antes de poner ésta a germinar, y para ello puede utilizarse papel de lija o una lima de uñas. Las semillas se introducen junto al papel de lija o la lima en una cajita pequeña (una caja de cerillas o similar resulta ideal), y se agitan cuidadosamente de manera que la cubierta de las semillas se arañe. Con ello, facilitamos que el agua penetre más fácilmente en la semilla cuando ésta se ponga en remojo.
Cultivo de temporada desde semilla04Plantón y sexado
Durante las dos primeras semanas de vida aérea en el contenedor de arranque (de menos de medio litro de capacidad), el brote irá desarrollando los primeros pares de hojas reales y, con ellas, irá definiendo la estructura inicial de la planta. Al alcanzar el cuarto o quinto par de hojas, ya tendremos nuestro plantón listo para trasplantar al contenedor de sexado. Este macetero tendrá una capacidad de alrededor de un litro, es decir, se trata de un contenedor de 10 x 10 x 10 cm aproximadamente.
El plantón se irá convirtiendo en una planta joven durante las dos semanas siguientes. Al cumplir un mes, el individuo de semilla probablemente doble la altura del contenedor, y empiece a acusar las limitaciones de espacio. Si se trata de un híbrido con gran capacidad para asimilar nutrientes, será el momento en que empiece a demostrarlo.
Entre 30 y 45 días después de haber brotado, la planta joven empezará a dar muestras de su sexo. Las encontraremos en forma de preflores a la altura del quinto o sexto nudo y siguientes. Hasta que no veamos los pelitos blanquecinos que caracterizan la flor femenina, no trasplantaremos. Cultivo de temporada desde semilla05Y, si en vez de ello, lo que observamos son una especie de bellotitas de color verde, sabremos que nos encontramos ante una planta macho. Más simple, si vamos trasplantado plantas hembra y, a medida que pasan los días, hay otras que siguen sin dejar ver un solo pistilo, lo más probable es que sean macho.
Con el tiempo, puede darse el caso excepcional de que una planta sexada como hembra, con todas sus preflores femeninas, nos sorprenda y florezca como planta macho una vez trasplantada y puesta a florecer. Sin embargo, la efectividad del sexado por preflores hace que éste sea el método de referencia, ya que permite cultivar gran cantidad de individuos de semilla empleando un mínimo de espacio y recursos.
Independientemente de que se trate de semillas regulares o feminizadas, el método del sexado por preflores en contenedores pequeños supone una técnica básica de cultivo que nos garantizará una selección mejor de los individuos que trasplantamos, esquejamos y seguimos desarrollando de cara a la cosecha.

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